venid a mi los desamparados de su sombra

venid a mi los desamparados de su sombra

Los nacidos de diente sembrado en la pena
del dragón,
los que acuden a la mano que no domino
y al altar de muertes dulcemente enlentecidas.

Venid a mi cáliz de vinosas venas
en que más recordar es más olvido
y donde es durable y pasajera
la ciega escritura del puñal en un lecho.

Se aproxima un redondo mar de cuero,
una masa mansa al cabo avalancha
que no sume ninfita negrura
sobre un verso oriundo de alado tirso.

Consagrados a la lumbre del azar cierto
cuajamos las hebras de aire
hasta consumar el ambiguo desgarro
que nos devuelve portales de vacío.

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