Vagón de sueños

Vagon de sueños

Subí al tren intrigada por saber a quién me iba a encontrar esa mañana.
Al entrar, vi a gente inquieta alrededor de una mujer que en sus manos tenía un bidón de gasolina y unas cerillas.

En un rincón, un niño de aspecto triste, con un piyama a rayas, intentaba en vano abrir la ventana.

Por el pasillo central, levitaba un monje tibetano que ni se inmutaba por los saltos de siete enanitos que pretendían tocarlo.

Al llegar a mi estación, un niño de cabellos de oro, con capa azul, se prendió de mi mano y juntos salimos.

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