Un Recuerdo

Un Recuerso

El tiempo fue estirando sus retoños pequeños
y fue haciendo más anchos los minutos soleados.
Me estiró a mí también, por afuera y por dentro;
más de lo imaginable, más de lo necesario.

Crecí joven y fuerte debajo de los fresnos,
y debajo de aquellos naranjos hechizados.
Pero aún mi cerebro se mostraba incompleto
hirviendo en la maraña del primitivo caos.

La voz de una paloma, como las nubes, blanca,
me dijo con el ritmo de pausada llovizna:
“¿Recuerdas al anciano? Él, tenía una espada;
hoy eres tú más fuerte ¿Por qué no se la quitas?"
Descendí al festival de nocturnos ahogos,
al valle donde nadie sonríe ni incorpora;
y encontré al pobre viejo con los ojos absortos
contemplando la danza marginal de las sombras.

 

Le dije: ¡Qué reuniones… traen pasadas batallas!
Vengo a cerrar tus ojos y apagar tu candil,
vengo a llevarme lejos tu legendaria espada;
así… en el otro mundo, te acordarás de mí.

Él extendió su mano llena de pesadumbre,
larga como los siglos que en la vida cargaba.
Y entre nosotros dos… surgió la densa nube
que separa la noche, de radiante mañana.

¡Adiós, y para siempre! Adiós, para no vernos,
regresa a la montaña que vislumbró el pecado,
ve a esperar el maná caer sobre el desierto,
el orden de lo Nuevo, lo tengo ya en mis manos.

Esta espada que siempre recargaste en los fresnos
en las noches de fiestas y vanas alegrías
¡Se vestirá de gloria, no creas que vino a menos!
Porque ahora se encuentra… ¡Por fin, en manos mías!

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