La certeza

certeza

Después de cuatro horas de tortura, el Apache y los otros dos cuilios le echaron un balde de agua al reo para despertarlo y le dijeron: «Manda decir el Coronel que te va a dar una chance de salvar la vida.

Si adivinas quién de nosotros tiene un ojo de vidrio, te dejaremos de torturar». Después de pasear su mirada sobre los rostros de sus verdugos, el reo señaló a uno de ellos: «El suyo. Su ojo derecho es de vidrio».

Y los cuilios asombrados dijeron: «¡Te salvaste! Pero ¿cómo has podido adivinarlo? Todos tus cheros fallaron, porque el ojo es americano, es decir, perfecto». «Muy sencillo -dijo el reo, sintiendo que le venía otra vez el desmayo- fue el único ojo que no me miró con odio».

Ballet

ballet

El último vagón ha matado al cisne…

Su mayor enemigo fue la mancha de barro
y he aquí que hoy sus estertores anegan
de suciedad los trajes de los transeúntes.

Los niños ríen y traen varitas agudas
para rematarlo a estocadas.

La verdadera carcel

carcel de amor.Oh mi país sus ojos descarriados
sólo flores en homenaje de su muerte adivinan
año de la profundidad tempestad deshabitada
pero en espera de su gota de fecundación.

Bienvenida entonces enhorabuena la locura
voy a comprarle un caramelo para que me defienda
y así poder volar alguna vez al mundo
luego de este sumergimiento mortal.

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Escrito en una servilleta

servilleta

Alzo mi copa, camaradas,
y ante todo pido que me perdonéis
por atravesar sin permiso y sin compostura
las puertas de la emoción:
nuestro hermano de tan lejano país,
nuestra hija de las entrañas, niña de nuestros ojos,
fundan su noble casa sobre una firme piedra.

Hijos del pueblo, comunistas los dos,
han escuchado
la fulminante voz del corazón.

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Ayer

ayerJunto al dolor del mundo mi pequeño dolor,
junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los hombres sin voz,
junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas,
junto a mi mano desarmada el fuego,
junto a mi fuego el huracán y los fríos derrumbes,
junto a mi sed los niños ahogados.

Danzando interminablemente sin noches ni estaturas,
junto a mi corazón los duros horizontes y las flores,
junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.

Hojas

hojas

Hojas caídas
filos mudos de una delicada agresión
no es el otoño quien os vence.
Vosotras devoráis la tierra
hacéis de vuestra carne dorada a los pájaros
quemáis la boca de la nieve
que luego morirá ahumada y babeante.

Creemos que os pisamos
y en realidad sois quienes soportáis
nuestra pobre estatura.
Por eso os odiamos tanto como a nuestros héroes:
año con año os hacemos quemar.
Pero, ¡qué gran insulto nos significa la primavera!