Se cubrio los ojos con la mano

Se cubrio los ojos con la mano

Lo que me quita en fuego, me da en nieve
La mano que tus ojos me recata;
Y no es menos rigor con el que mata,
Ni menos llamas su blancura mueve.

La vista frescos los incendios bebe,
Y volcán por las venas los dilata;
Con miedo atento a la blancura trata
El pecho amante, que la siente aleve.

Si de tus ojos el ardor tirano
Le pasas por tu mano por templarle,
Es gran piedad del corazón humano;
Mas no de ti, que puede al ocultarle,
Pues es de nieve, derretir tu mano,
Si ya tu mano no pretende helarle.

Rivalidad

Rivalidad

Infectada de insensatez, la tarde
de palabras medidas como el azúcar en la taza de café
la mirada mansa enmascarada doce veces de envidia mortal
lo dulce de los acordes
agresivamente transformados en venenosas notas
la simulación de los dientes de una sonrisa
en el ángulo del día

Declinando la confianza hasta la asfixia
débiles hojas sacudidas por la saliva purulenta de dieciocho diablos
la decepción eterna de la piel encanecida
un hombre frente a otro hombre
desintegrando una a una las moléculas de la certeza.

Una soga atada a las muñecas
estrangulando el instante con movimientos suaves
apestando a veneno en los pelos de los brazos
en el pestañear dócil de la postura absurda
estatua de miasmas.

contorno de líquidos intragables
gota diminuta en el pozo más hondo y pútrido de la historia.