Agravio nocturno

Agravio nocturno

Hoy mi cama necesita tu abrigo.
Hoy más que nunca tengo sed.
Esta noche quiero estar contigo,
esta noche tu amor me beberé.

Toma mis brazos en cien caricias,
que te prenda y te lleve a la cima,
yo nadaré en el manglar de tus salivas,
mientras me enciendas por encima.

Bébeme, no dejes una gota de mí,
quiero que te embriagues conmigo.
Quiero perderme para siempre en ti.
Quiero esta noche sólo contigo.

Toca mis manos que te hacen falta,
y dame esas rosas de tu pecho,
haré que te vibre fuertemente el alma,
haré que con migo toques el cielo.

Enreda tus pies con los míos,
y envuelve tu pelo en mis labios,
deja las prendas en el olvido,
porque hoy me amarás con agravio.

Deja me vaya en este momento,
y siente las pulsaciones de tu pecho,
eres mi más dulce amor eterno,
y estás como presa en asecho.

Sentiré tu amor hasta el amanecer,
para que con agravio me muerdas,
eres para mí, esa bendita y bella mujer,
pero hoy necesito que cierres la puerta.
Siento destruirme desde mi interior,
y tú te desarmas como robot sin líquido,
escucha los latidos de mi corazón,
y verás que sin ti mis besos son insípidos.

Entrégate en un ademán seductor,
y deja que te ame toda la noche,
dame ese beso, beso depredador,
y cómeme al fin ya me conoces.

Los cuatros gatos que quisieron tocar tu cabellera

Los 4 gatos que quisieron tocar tu cabellera

Había cuatro gatos a la vereda de una ventana, eran apenas cuatro pequeños gatitos que habían salido a distraerse con la vista que tenían del patio; uno lamía su patita delantera, otro trataba de alcanzar las hojas de un girasol que quedaba debajo de la ventana y por más que se agachaba, lo más que podía,, no podía alcanzarlo, el tercero era más atento, miraba a todos lados, cualquier cosa que se moviera llamaba su atención, sea un pájaro en un árbol que quedaba fuera del patio, sea el cruak cruak de un sapito que se oía a lo lejos o la mariposa que pasaba de florcita en florcita para tomar de su polen. Y el cuarto más despreocupado dormitaba bajo los rayos del sol.

De pronto se abrió la puerta de madera, el tercer gato, que era el más curioso, de inmediato fijo su mirada a ese lado, la vio entrar, se quedo con los ojos bien abiertos y casi sin pestañar, parece que contenía la respiración al verla aproximarse, la miraba ansioso como se aproximaba esbelta y con paso seguro, con su cabellera larga negra y rizada, con unos destellos de luz que no podía resistirse de verlo, con esos sus ojos tan sutilmente inquietantes y sus labios rojos, rojos como su saco. Un resplandor del sol de repente alcanzó su bello rostro, el gatito se quedo mudo, mudo por el brillo amarillo intenso que le había alcanzado desde el cielo, amarillo como el paraguas que traía en la mano.

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