En la ribera

Ven, sigue de la mano

al que te amó de niño,

ven, y juntos lleguemos hasta el bosque

que está en la margen del paterno río.

¡Cuánto eres hermosa,

mi amada, en este sitio!

Sólo por ti, y a reflejar tu frente,

corriendo baja el Paraná tranquilo.

Para besar tu huella

fue siempre tan sumiso,

que, en viéndote llegar, hasta la playa

manda sus olas sin hacer ruido.

Por eso porque te ama,

somos grandes amigos;

luego, sabe decirte aquellas cosas

que nunca brotan de los labios míos.

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