De la clemencia senil

De la clemencia senil

(Avanzadas ya las lágrimas por ti,
¿dónde tu muerte?)

Te callaste a traición
y nos hincaste la orfandad en los oídos
para que aprendiéramos a escuchar con el corazón.
Pero no supimos.
Sólo alcanzamos a imaginarte ausente
(¡ausente tú, que nos bailabas los ojos con tus gestos imperfectos!);
sólo imaginamos alcanzar la vida (¡tu vida!)
con los pasos de la cordura.

Te callaste a traición
y nos dejaste ciegos
para que aprendiéramos a ver con el amor.
Pero tampoco supimos.
No supimos verte
porque no sabíamos qué era la vida,
y, sin embargo, te dispensamos el trato de la muerte.

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Mansión vacía

Mansion vacia

No hay reclamo.
Se yergue, infinita y dadivosa,
para ser, simplemente.

Hubo tiempos de vida azarosa,
de esplendente discurrir,
y hubo tiempos de hambre, como ahora…

Y nada, nada oscureció
la piedra;
sólo un atisbar famélico, humano,
descubrió su presencia antigua.

Los únicos días de la eternidad

Los unicos dias de la eternidad

En la calle de Buenos Aires,
junto a «Pescados Videla»,
la madrugada regentaba nuestra desolación
y ordenaba el caos de la amargura
que, sin saberlo, por el Atlántico
avanzaba hacia nosotros.

Aire y nubes; miedo y angustia
y una vaga idea de las Indias colonizadoras…
Tal era tu bagaje
cuando del Nuevo Mundo llegaste
al mundo nuevo;
fueras Antonio, o Rafael,
o aquel Julián Tapia que siempre llegaba en el pasado,
llegaste con la muerte en los talones
que era mucho entonces,
cuando la voluntad era privilegio de héroes
o atributo de traidores
y Cary Grant estaba a punto de morir gracias a Hitchcock.

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La Sobriedad de la distancia

La Sobriedad de la distancia

Recuerdo cuando me regalabas
una carta, dos cartas, cientos de cartas,
y mis «oh» se relamían de gozo
presintiendo la amistad como un orgasmo.

Recuerdo tus alhajas -una,
cien, mil palabras.

Recuerdo tus nombres y tu nombre:
recuerdo que estabas, pues no estabas.

Te recuerdo memorable en el olvido,
partido por la espalda, escondido,
escindido en el matasellos.

Recuerdo el hartazgo de signos,
que no eran palabras.

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Instante Faustico

Instante faustico

Ensayo la dicha invocando
una memoria sin signos:
pasado sin luz,
pasaje extenso desde donde me miran
los mundos tumultuosos
que me nacen ahora falsamente
y se instalan en este postergado silencio.

Cuanto en mi memoria es
sólo será en un instante.
Ir hacia delante
es volver del revés
la memoria,
borrar, felizmente, el vestigio
de la esperanza.