Nuestra obra

Esto se torna a veces
una gran obra de teatro
y soy feliz mientras actuemos nuevamente,
buscando sensaciones especiales
en un gran paraíso de cartón.
Entre luces artificiales
representamos una que otra vez
alguna escena;
tú, con el orgullo de saberte siempre
el personaje principal de mi comedia;
yo, tu títere, con el miedo diario de ver caer el telón.
Y así, día tras día, leemos el libreto
aún en las noches que estás en no sé dónde
y yo recuerdo triste la ultima función.
Hay momentos que pienso que se pierde el teatro
o que no volverás al escenario,
pero siempre regresas como si fuera un rito,
una misión sagrada, que debes cumplir,
como el artista ilustre que ama su profesión.
Y es que entregas la vida junto a aquel escenario
con la misma alegría con que la entrego yo

Dudas

¿Dónde está el manantial de caricias
que venía silencioso de tus manos
a desembocar dulcemente en la silueta
estremecida de mi piel?
¿Qué has hecho con el paraíso celestial
de tu mirada?
¿En qué lugar guardaste esos besos
que aún siento míos, esa boca
que sueño entre mis noches y tus dientes
que me lanzaban a un mundo de placer
no descubierto todavía?
¿Por qué no me devuelves esas manos
que se bebieron mi inocencia
y se embriagaron con la magia
de mi primera intimidad?
¿Cuándo regresará esa sonrisa
que me desnuda en cuerpo y alma?
¿No vendrás, amor, una vez más,
vestido con la luz de algún pretexto
a devolverme las ganas de soñar?.