LA CIUDAD

 

Dijiste: Iré a otra ciudad, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.

Todo esfuerzo mío es una condena escrita;

y está mi corazón  como un cadáver sepultado.

Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.

Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire

oscuras ruinas de mi vida veo aquí,

donde tantos años pasé y destruí y perdí.

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TERMINADO

En medio del temor y las sospechas,

con espíritu agitado y ojos de pavor,

nos consumimos y planeamos cómo hacer

para evitar el seguro

peligro que así terriblemente nos amenaza.

Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino:

falsos eran los mensajes (o no los escuchamos, o no los entendimos

bien). Otra catástrofe, que no la imaginábamos,

repentina, violenta cae sobre nosotros

y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.

La Cuidad

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar. Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.

Todo esfuerzo mío es una condena escrita; y está mi corazón  como un cadáver sepultado.

Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.

Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire oscuras ruinas de mi vida veo aquí, donde tantos años pasé y destruí y perdí".

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.

La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo y en estas mismas casas encanecerás.

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-

no hay barco para ti, no hay camino.

Así como tu vida la arruinaste aquí en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.