UNA CANCION EN EL DESIERTO

Una guirnalda fue tejida con hojas negruzcas en la comarca de Acra:
allí monté mi oscuro caballo y con la daga puncé en pos de la muerte.

Y de cuencos de madera bebí la ceniza de las fuentes de Acra
y con la visera cerrada cargué contra las ruinas del cielo.
Porque muertos están los ángeles y quedó ciego el Señor en la
comarca de Acra,

y no hay nadie que el sueño me cuide de los que llegaron aquí a su
reposo.
Quedó destrozada la luna, la florecilla de la comarca de Acra:
florecen así, imitando las espinas, las manos con anillos
herrumbrosos.

Y así debo inclinarme por fin, para el beso, cuando rezan en Acra…
¡Oh mala fue la coraza de la noche, rezuma la sangre por las hebillas!
Y así me convertí en su hermano sonriente, el férreo querubes de Acra.
Así pronuncio yo el nombre y aún siento el ardor en las mejillas