Soneto de devocion

soneto de devocion

Esa mujer que se me arroja fría
y lúbrica en los brazos, y a sus senos
me aprieta, me besa y balbucea
verso, rezos a Dios, votos obscenos.

Esa mujer, flor de melancolía
que ríe de mis pálidos recelos
la única entre todas a quien di
caricias que jamás a otra daría.

Esa mujer que a cada amor proclama
la miseria y grandeza de quien ama
y feliz de mis dientes guarda huella.

¡Un mundo, esa mujer! Es una yegua
quizás… pero en el marco de una cama
nunca mujer ninguna fue tan bella.

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