SIN UN ADIÓS

Nubes borrosas se ciernen
sobre la vida errante del viajero.
Amargos llantos se escuchan
en la puerta distante del olvido.
Silencio, un oscuro silencio,
se expande a través de las ventanas,
donde algún día floreció la ilusión.
Vuelve, nuevamente, el balbuceo
nocturno de los recuerdos,
hoy enterrados en las entrañas
deshechas por el tiempo.

Sigue su paso el viajero
mientras su existencia cae en pedazos.
Flores marchitas yacen sobre su ataúd,
nadie, ni la lluvia, se aproxima a él.
Muere el amor.
Sin un adiós,
el viajero regresa a su tumba.

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