QUE MAS PUEDO DECIR

Me urge la necesidad de hacerte
saber algo.
Eres la primera persona en este mundo
con quién puedo comunicarme a mi manera,
con el lenguaje del alma,
del alma que me enrejan los formalismos,
y me siento volar hacia ti con la libertad
del viento y decirte que te quiero, sí,
decirte que te quiero sin temor
a que no me entiendas.
Quiero jugar contigo el juego maravilloso
de la fantasía que nadie sabe sí,
con la fuerza que emana de los dos envueltos
en este divino torbellino de palabras lindas
que nos decimos podremos hacer realidad.
No quiero pensar en la realidad,
seria demasiado.
Nos amenaza el tiempo; a los dos, pero me rebelo.
Me resisto a pensar que pueda encontrar
algo en mi vuelo hacia lo sublime
que me ate las alas para buscarte siempre,
que me prohíba alimentarme de tu energía.
¡Ay Dios mio! esa fuerza poderosa que hay en ti
y que no hay nadie más.
¿Cómo es que me arrancas estas cosas?
Como es que me desnudo de perjuicios
y dejo correr este caudal de ideas de mis manos
a tus ojos y de mi alma a la tuya.
Me arriesgo a que me pienses mal,
pero con valentía.
Es mayor el placer que experimento
al vaciar mi alma en la tuya que todo
el daño que puedas hacerme al mal
interpretarme.
Soy un hombre sencillo, con deseos de vivir,
con ganas de saciar mis ansias en ti.
Te ofrezco mi mano arriesgada y breve,
te ofrezco en confort de mi alma para que
repose en ella.
Dime que tampoco tú habías encontrado
a nadie que te hable así,
y, por favor, dímelo, dímelo y disfruta
como yo con la misma intensidad,
al fin de cuenta, nada en este mundo
nos lo puede prohibir.

Victor de Tassis

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