Pabellón de parturientas

Las mujeres más pobres de Berlín, trece niñas en cuarto y medio, pu’tas, prisioneras, execradas retuercen aquí sus cuerpos y gimen. En ninguna parte se grita tanto.

En ninguna parte se ignoran tan completamente dolores y angustias como en este lugar, aquí siempre grita algo. “¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí? No está aquí por diversión. No alargue la cosa ¡También salen excrementos en este aprieto!

No está aquí para descansar No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!” Por fin llega: azulado y pequeño. Orina y heces lo ungen. De once camas con lágrimas y sangre  los gemidos le dan la bienvenida.

Sólo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.

Por este pequeño pedazo de carne pasará todo: desolación y felicidad.

Y cuando muera entre estertores y sufrimientos, otros doce dormirán en este pabellón.

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