Noche en sanlucar

Noche en sanlucar

Por si tú no lo sabes, te diré que mi pluma,
pulcra, silente, humilde, inofensiva arma,
te acecha con el garbo del halcón peregrino
e hincará en tus carnosos adentros sus palabras.
¿No me crees? Sí, reposa. Sobre el buró, dormita,
serpiente venenosa rectilínea y urbana,
inquieta por la ausencia del calor de su nido
natural, estos dedos que gritan y la inflaman.

Más azul que las venas, su sangre delincuente
espera que los búhos del crepúsculo partan
hacia la impunidad de bárbaras repúblicas.
Hambrienta al despertarse, beberá de mi alma
el zumo de mis noches y el licor de mis verbos.

Me subirá en su lomo de embustera de plata,
ojearemos nerviosos las manadas de víctimas
y entonces te veremos, bruja desorientada
que ahora barres rincones en lugar de volar.

 

No te daremos tiempo.
Clavará en tus entrañas
el diccionario errante que aguza sin sentido
y manchará tu seno con su jerga infectada.

Cuando ya no lo esperes, en tu boca cautiva
se erguirá el enemigo, una tela de araña
donde tiemblan jugosas las voces del abismo
al que te empujarán ardientes mis metáforas,
innumerables crías sin misión ni piedad.

 

Ponte a salvo, mi amor, la tarde se derrama
como un glaciar espeso sobre tu valentía
y el peligro bosteza en sus crines metálicas.

 

Por si no me creyeras, te diré que mi pluma
condena por instinto y cimarrona caza
eremíticos versos, esas chispas que brincan
en el carbón pagano de tus ojos de gata.

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