Muertes cotidianas

He muerto tantas veces en la vida
andando entre las calles con un cuerpo prestado,
la sangre detenida entre las venas
y la fuerza del alma congelada.

He sentido que el alba se parece a la noche
y un espacio vacío que penetra en la almohada,
una lágrima triste que no entiende su causa
y un dolor que marchita la imprudente mirada.

He buscado algún rostro a través de cristales
encontrando enemigos donde amigos yo vi,
y he abierto la ventana todas estas mañanas
y cada vez que abro se va lo que viví.

Es un vagar descalzo anhelando una mano
que me devuelva un poco los sueños que perdí,
y un ansiar la esperanza que se encuentra lejana
y un grito en el silencio, y un suceso infeliz.

He visto detenerse el tiempo en pocos días
y romperse los planes, y perderse las ganas,
es un asunto triste tan sólo con tu nombre
y una ausencia muy gris en todas mis semanas.

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