Mi Religión

Ninguna religión se parece a la mía.
Yo adoro a un dios que es el reflejo de mi alma
y a quien hago promesas por cumplir
y satisface mis deseos.
Las oraciones que le rezo
no puedo conseguirlas en un libro:
son espejos de lo que hay dentro de mí.
Mi dios no me exige sacrificios
ni me impone raras costumbres
para sentir mi devoción.

No me promete un paraíso después de mi muerte,
en cambio me lo entrega todo mientras dura la vida.
Mi religión no es copia de otra antigua,
es totalmente nueva y tiene ritos de placer.
Mi religión no va buscando seguidores.
Hay una gran iglesia para amar,
y sólo existo
para adorar entre columnas de besos
un cuerpo que no es humo.

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