Memoria roja

memoria roja

Este recuerdo vuelve todavía
de un jardín de amaranto más retinto:
los lagos del ocaso, coloreando
mi desvarío como un vino tinto;
y los rubíes, hundidos talismanes,
en tus profundos ojos de Jacinto.

Un esplendor de bermellón bañaba
las hiedras y las flores fúnebres;
y de tus labios yo bebí la sangre
que de un dios manaba fuera del ciprés (1);
y de mi corazón llovía la vida,
la esencia de sanguinos árboles…

Pero la noche vino a apagar
los mágicos rubíes y el fuego rojo
con el licor del dios… En vano busco
aquella claridad en cielo y ojos…
hallando ya en símbolos y palabras
la orilla del río Leteo (2) y flojo.

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