Me Adocenaron las alas

Me Adocenaron las alas

Me asesinaron, me acuchillaron con cien mil esquinas
las espaldas.

Curvaron
mi aliento como un interrogante usado.

Pisaron con extrañas voces
mi garganta abotagada de tanta palabra,
de tanto grito atragantado.

Y todo porque tenía en el alma hiel silvestre,
como si lo silvestre no fuera sangre o paloma,
como si en lo silvestre no hubiera madrugadas
y filos.

Y todo, digo, porque tenía el mar en mis ojos
y una gaviota amarga de vuelos en los remos
y en los labios.

 

Ya recuerdo, fue con las hélices;
me asesinaron con las hélices y los párrafos largos,
las psicologías maduras y las rectas,
mejor dicho las quebradas.

Me talaron por los montes,
donde nacía la blancura del loto y de la nieve,
donde crece el paisaje,
porque les dolía la llanura y el corzo,
porque nos dolía el mundo.

Se traicionaron las alas,
como lo hacemos cada minuto,
y rezaban y rezábamos:
“El suicidio nuestro de cada día
hagámoslo hoy”.

Me asesinaron, me acuchillaron las alas porque no cabían,
y ocupe la tumba exacta de cemento y yeso de cuchillos siempre
sin ese puñado de tierra y mar que nos pertenece.

Recuerdo que el mar se alzaba de blanco, y azul entre las velas.

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One Response to Me Adocenaron las alas

  1. anguie paola says:

    esos poemas son para personas como yo

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