Los cuatros gatos que quisieron tocar tu cabellera

Los 4 gatos que quisieron tocar tu cabellera

Había cuatro gatos a la vereda de una ventana, eran apenas cuatro pequeños gatitos que habían salido a distraerse con la vista que tenían del patio; uno lamía su patita delantera, otro trataba de alcanzar las hojas de un girasol que quedaba debajo de la ventana y por más que se agachaba, lo más que podía,, no podía alcanzarlo, el tercero era más atento, miraba a todos lados, cualquier cosa que se moviera llamaba su atención, sea un pájaro en un árbol que quedaba fuera del patio, sea el cruak cruak de un sapito que se oía a lo lejos o la mariposa que pasaba de florcita en florcita para tomar de su polen. Y el cuarto más despreocupado dormitaba bajo los rayos del sol.

De pronto se abrió la puerta de madera, el tercer gato, que era el más curioso, de inmediato fijo su mirada a ese lado, la vio entrar, se quedo con los ojos bien abiertos y casi sin pestañar, parece que contenía la respiración al verla aproximarse, la miraba ansioso como se aproximaba esbelta y con paso seguro, con su cabellera larga negra y rizada, con unos destellos de luz que no podía resistirse de verlo, con esos sus ojos tan sutilmente inquietantes y sus labios rojos, rojos como su saco. Un resplandor del sol de repente alcanzó su bello rostro, el gatito se quedo mudo, mudo por el brillo amarillo intenso que le había alcanzado desde el cielo, amarillo como el paraguas que traía en la mano.

Ella se disponía a pasar cerca de la ventana, el gatito ya alargaba una de sus patitas queriendo alcanzar a tocar su cabellera, aún cuando la tenía lejos. El cuarto gatito se despabilo, y viendo al gatito de al lado se alzo sobre sus patas, la vio pasar cerca y también alargo la patita pero no pudo alcanzarla, el tercero impaciente ya casi se caía de la ventana por querer tocar su cabellera con la punta de su patita, mientras que el segundo gatito esperaba también ansioso su paso para probar suerte, y el primero, el que se acababa de lamer la patita, prefirió dejarla levantada haber si así la alcanzaba.

El caso es que, el sol bañaba de luz esa cabellera como de estrellas se baña el cielo cuando llega la noche y los cuatro gatitos quedaron maravillados al verla pasar, más ninguno de ellos la pudo alcanzar.

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