Lamentos

Lamentos

Aquel beso furtivo
de nuestro primer encuentro,
lo guardo como un latido
y aflora como un lamento,
desde mi pecho oprimido
cuando escucho tu voz ausente,
diciendo: adiós, amado mío.

Y aquel pañuelo tuyo,
bordado con hilos plateados
de lágrimas de despedida,
que siempre llevo en mi alforja
de viajero del olvido,
también el me recuerda
aquel: adiós amado mío.

La tristeza de tu mirada,
del momento que partiste,
aun me persigue candente
y la siento como un torrente
que quiere acallar el trueno,
violento, que en mis oídos
grita: adiós amado mío.

Tu te fuiste, tú dijiste adiós,
la distancia, tal vez, la puse yo
quizás nunca te quise detener.
El beso y tu mirada…, son lamentos.
Y aquel pañuelo que guardo,
no es mas que la mortaja,
de otro amor que yo maté.

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