La Sobriedad de la distancia

La Sobriedad de la distancia

Recuerdo cuando me regalabas
una carta, dos cartas, cientos de cartas,
y mis “oh” se relamían de gozo
presintiendo la amistad como un orgasmo.

Recuerdo tus alhajas -una,
cien, mil palabras.

Recuerdo tus nombres y tu nombre:
recuerdo que estabas, pues no estabas.

Te recuerdo memorable en el olvido,
partido por la espalda, escondido,
escindido en el matasellos.

Recuerdo el hartazgo de signos,
que no eran palabras.

 

Recuerdo el corazón vencido trujamán exhausto,
perdido, enloquecido en tus anchuras,
infesto acaso tras tu leve roce
de manos, desmayado placer
que derrotaba la distancia.

Recuerdo el altorrelieve del silencio
que, azul o negro, llegaba como imagen,
como sueño, sobre la nívea patria del deseo.

Recuerdo cuando me regalabas
una carta, dos cartas, cientos de cartas.

Recuerdo cuando me ofrecías
el amor, los amores, todo el amor,
y el vino sabio de la esperanza
que nos emborrachaba de sobriedad.

Recuerdo tu savia de hombre en duda.

¡Cómo olvidarte si la distancia es encontrarte!

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