La paz del ignorado


Sentado en la cumbre del abismo,
observo mi espíritu diezmado,
luchando por emerger del olvido.

Intenta surgir,
como un manantial endeble,
como un arroyo gastado,
que ya no puede ni desea
contener el agua turbia de tu fuente.

He perdido el interés.
Es que mi caudal brioso, indomable,
gastó demasiado tiempo regando
semillas equivocadas,
y hoy, vacío, casi seco,
se pregunta quien cosechó tanta siembra…

Quien, ajeno al dolor de mi agua,
se quedó con mi cosecha.

Y así, entre dudas y temores, me asomo,
con la tranquilidad de quien no es visto,
con la paz del ignorado.

Pero mientras fluyo lento
mi grito sordo no se calla
y sigue en sus raudales
transportando sentimientos,
sentimientos transparentes,
tan cristalinos que, como siempre,
continuarán siendo invisibles
para aquellos ojos que ciegos ignoran,
para esos ojos que indiferentes se niegan a ver…

Juan Leandro Alzugaray

 

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