La Mujer pajaro

La Mujer pajaro

Con formas de animales en las manos, como en teatro
de sombras las dos palmas
se elevan agitando plumas, dedos que imitan vuelo
en lo oscuro del cuarto. Luego, su voz
se cambia en el lamento

de un águila que entrega mi pesar.

Ilusión de vacío en el ombligo, un cordón
que nos desata al fin. Sentías tanto
horror, dijo mi pájaro, que preferiste ir,
dejar tu marca en la pared. Entonces como el agua
su voz cayó en mi pelo, me resbaló en los hombros
y vi todo otra vez,
liberada de ser la que no sabe, la que retiene solamente el enunciado
y no el recuerdo. Sos este olor, la sombra de las palmas,
el pasto que renace después de la pisada.

Vas a morirte y no te queda
nada pendiente,
sos la que vive en el olvido, por fortuna,
la que le canta a su éxodo presente.

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