La Angustia llega

angustia[1]

Y si llega, llega,
pero no la abraces,
no te acomodes en su pecho.

Contémplala
pero no la invites a tu casa,
nunca la sientes a tu mesa.

Mírala de frente, hazle entender
que tú ya la conoces,
que ya sabes de sus mañas.

Una vez descubierta
se marchará cabizbaja,
débil, derrotada.

Y si llega otra vez, llega,
pero no la abraces,
no te acomodes en su pecho.

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