Esperanza

Esperanza

 

Una luz esplendente

De claro soberano

Le llena de sus vívidos destellos;

Y penetra la mente

Y lleva hasta el arcano

Del corazón sus resplandores bellos.

¡Ah! Tú eres esa luz, OH Cristo mío,

Que iluminas del ser lo más profundo,

Que con tu incontrastable poderío

Salvas a quien te invoca desde el mundo.

 

 

Sin tu luz, este mundo, ¿qué sería?

¿Qué serían sus cantos, sus bellezas

Y todo cuanto eleva el alma mía

A un afán infinito de alegría,

De glorias y grandezas?

Sería un juego ciego y despiadado,

Una burla horrorosa del destino,

Para volver al hombre desgraciado

Y hacerle tropezar en su camino.

 

Lejos, muy lejos ese pensamiento,

Que nos hunde en la sima de la nada;

Tú estás cerca de mí; sí, yo te siento,

Aunque escondido aun a  mi mirada,

Y oigo en mi pecho un misterioso acento,

Que es el eco sutil de tu llamada.

 

Es la lumbre querida

Que hace brotar la flor de la esperanza,

La que me da la fuerza de la vida,

Y endulza del Amado la tardanza.

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