“En la primavera de mi juventud”

En la primavera de mi juventud

En la primavera de mi juventud
yo también hallé en mi destino
una rendija por la que escapar
Tras ella, los vientos del oeste
azotaban con identidad
clavando su misticismo
en el centro de gravedad.

Las trincheras parapetaban
el fuego real del enemigo
delimitando como frontera
el camino dejado atrás y perdido
Una melodía sonaba a lo lejos
con blancas y corcheas de letanía
los tambores resonaban
entre sauces y olmos.

Y al fondo entre maleza y hojarasca
Los soldados avanzaban
hacia las líneas enemigas
sabiendo a ciencia cierta
que no podrían salvar sus vidas
No, uno no muere por una bandera
uno arriesga su alma
por el amor irremplazable de la familia
¡Por más nada … dios …!

 

Así pienso yo …
aquella primavera
me espetó a la cara
una soberana razón
Pero ni el miedo terrorífico
de aquella noche de mayo
hizo aplacar mi amor
… amor, mi amor…
este amor…
el que me obliga
a amar de esta cruel manera.

La única con la que se ama
cuando uno decide decidir
amar de por vida:
“La primavera es el fin”
Aquello si fue
el verdadero punto de inflexión.

Los estandartes ondeaban
Las astas altivas
Los vientos sin arreciar
Las lágrimas incapaces de cesar
¡Y las trincheras
escondiendo el fuego real!

En el destino encontré
el dolor de saberme yo
Mi ego fue engullido por el huracán
cuando el primer viento del oeste
sopló y sopló
hasta que dejó de hacerlo y cesó.

La melodía fue cambiando de tono
y con el paso del tiempo
nuevos aromas arribaron hacia
el ocaso de aquel horizonte
donde el dolor del hombre
quedó grabado para siempre.

Y mis ojos dejaron de incendiarse
con cada recuerdo
la luz, siempre la luz
iluminando rendijas y trincheras
Los fantasmas y sus cenizas
Los ríos con una sola orilla
El cielo sin ángeles ni paraísos.

Las metáforas de los versos malditos
Las piedras grises
que sepultan esa identidad
No me cabe duda:
¡Las rosas rojas son una bellísima flor!
Los espíritus del estío
esconderán por siempre
el secreto póstumo.

Los otoños se conformarán
con intentar aplacar
los vientos del oeste:
¡Puede que algún día
dejen de soplar!
El invierno volverá
y en su incesante frialdad
nos conducirá por senderos y tempestades
hacia el único lugar
capaz de albergar su intensidad.

Sin embargo,
desde los mástiles de mis velas
se seguirá avistando tierra firme
Y esa tierra, aunque me duela,
tiene y siempre tendrá
como destino final:

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