Dulce colegiala

dulce colegiala

Caminando hacia el colegio
va la dulce colegiala,
con sus zapatos de cuero
y su uniforme de holanda;

su camisa que azul es,
y la lleva abotonada,
su pantalón color índigo,
ella va toda arreglada.

Siempre llega así a su clase,
va subiendo por las gradas,
uno piensa que es un ángel,
pues es linda, tierna y grata.

Cuando pasa por las calles,
nuestra dulce colegiala,
por su divina figura
atrae todas las miradas.

En las noches de silencio,
donde todo el mundo calla,
pues como ella va saliendo,
ya se ha ido de su aula,

tulipanes del jardín
en los bosques de arboladas
desean ver a la niña
para poder elogiarla;

y las aves de allá arriba
se contentan cuando pasa,
con los árboles del monte,
que saludan con sus ramas.

En el cielo las estrellas
y la luna ilusionada,
todos quieren verla a ella,
todos quieren contemplarla.

Por la niña tan afable
mi corazón hoy extraña,
gime y llora, llora y ríe,
y le dice, a temporadas:

“¡Oh!, reina de mi vacío,
¡Oh!, mi dulce colegiala,
en el cosmos canta el Sol
tu sonata en la mañana;

resplandece en ti la aureola,
que se inclina con el alba;
mil doscientas mariposas
van volando ala con ala

y en tus mejillas arrojan
reluciente polvo de hadas
que te sigue, que te adorna
adonde sea que tú vayas.

¡Cuánto a ti yo te deseo!
¡Cuánto a ti yo te deseaba!
Pasar un rato contigo,
lo que para ti no es nada,

poder llevarte a las nubes,
y ahí hacer nuestra morada,
y con un beso de amor
yo dejarte enamorada,

y vivir siempre a tu lado,
tú y yo, en palacios de plata,
ese es mi único pedido,
eso es lo que anhela mi alma.

El quererte y no tenerte,
¡Qué tristeza!, ¡Qué nostalgia!,
a ti, flor del universo,
a ti, niña de esmeralda.

Es un premio y un castigo
verte desde mi ventana,
mientras pienso en mi delirio:
<>.

Creo yo, tal vez funcione
una de esas madrugadas
de tonadas y de amores,
canciones y serenatas.

Yo mantengo la ilusión,
yo sustento la esperanza
en que algún día me quieras
tú, mi dulce colegiala.”

Así dice el corazón
mientras brotan de él sus lágrimas,
se mezclan con el rocío,
con la lluvia y con el agua.

Entretanto aquella niña
va y camina con su gracia,
un lamento y un suspiro,
un exhalo desde mi ánima.

Cuando yo la puedo ver
en silencio la besaba
en mi mente, y un abrazo,
de la mano la tomaba.

Pues, ¿cuándo me va a querer?,
tal vez nunca, tal vez nada
yo tendré, pero por ahora
callado y boca cerrada,
en secreto yo amaré
a la dulce colegiala.

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