Cuatro Razones Para Explicar un Final

No hay cuatro razones que sirvan para
explicar un final.
Las cifras matemáticas sólo le atañen a los científicos
de cabeza rapada hasta los sesos, a los estadistas
preocupados por el destino de un país, a los maestros
amotinados por años en un claustro, intentando explicar
lo inexplicable.

No. El final que nos ocupa presupone otras cosas
la palidez de un rostro aprisionado en las paredes
sacerdotales, la maliciosa perspicacia del marasmo
en un comienzo que fue indefinido, el doloroso paso
a esa extraña aventura que es el amor.

Ella, de niña, escribió cuentos para que su madre
imaginara que las hadas del paraíso no habrían
de pervertirse con el tiempo, pero esto fue en vano

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