Anonimato

Anonimato

Transatlánticamente ondulando en tus aguas
los barcos de mis ojos te iban recorriendo.
En tu fondo el verdor de marítimas algas
culebreaba mecido por oceánico viento.
Entonces eras joven y tenías manos blancas
y tu cara era fresca y dorado tu pelo.

Hablabas con miradas y dóciles palabras
que me domiciliaban en el centro del cielo.
Me encontrabas en calles y plazas sombreadas,
y entre fiestas del día que exaltan pensamientos.
Tu presencia solar con sus vírgenes llamas
lengüeteaba efusiva mi romántico infierno.

Tu submarina flora creció desenfrenada;
como fertilizada por negro sortilegio.
Sus marginales brazos ahogaron mi esperanza
antes de coronar al monarca del beso.

 

¿A qué sabrían tus labios que acabaron en nada?
¿Cómo sería tu voz -íntima- en mi silencio?
Tu insípido raigambre se convirtió en fantasma
para desvanecerse lentamente en mi sueño.

Dicen que quieres verme… ¿Qué huella de mí guardas?
Como víbora cruel se ha deslizado el tiempo.
Hoy vives en el bosque de las infirmes hadas…
¡Y no quiero que vuelvas del reino del recuerdo!

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