Al céfiro

Céfiro dulce, que vagando alado

entre las frescas, purpurinas flores,

con blando beso robas sus olores

para extenderlos por el verde prado,

las quejas de mi afán y mi cuidado

lleva a la que, al mirar, mata de amores,

y dile que un alivio a mis dolores

dé y un con suelo al ánimo angustiado.

Pero no vayas, no; que si la vieras

y, tomando sus labios por claveles,

el aroma gustar de ellos quisieras,

cual con las otras hacer sueles,

aunque a mi mal el término pusieras,

tendría de tu acción celos crueles.

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