poemas de amor

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El pecado de amarte se apodera


    El pecado de amarte se apodera

    El pecado de amarte se apodera
    De mis ojos, de mi alma y de mí todo;
    Y para este pecado no hay remedio
    Pues en mi corazón echó raíces.
    Pienso que es el más bello mi semblante,
    Mi forma, entre las puras, la ideal;
    Y mi valor tan alto conceptúo
    Que para mí domina a todo mérito.

    Pero cuando el espejo me presenta,
    Tal cual soy, agrietado por los años,
    En sentido contrario mi amor leo
    Que amarse siendo así sería inicuo.

    Es a ti, otro yo mismo, a quien elogio,
    Pintando mi vejez con tu hermosura.

Derrochador de encanto

    Derroche de encanto

    Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
    En ti mismo tu herencia de hermosura?
    Naturaleza presta y no regala,
    Y, generosa, presta al generoso.
    Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
    De lo que se te dio para que dieras?
    Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
    Suma tan grande, si vivir no logras?

    Al comerciar así sólo contigo,
    Defraudas de ti mismo a lo más dulce.
    Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo
    Podrás dejar que sea tolerable?

    Tu belleza sin uso irá a la tumba;
    Usada, hubiera sido tu albacea.

Hablo con el mar

Hablo con el mar

Sentado en estas rocas, mar, te escucho.
No entiendo tus palabras pero adivino a ciegas
que algo quieres decirme mas no puedes llevarme
adonde yo quisiera, ¡oh inmensidad sin centro!
No te entiendo, madre-muerte, madre-amante, madre-amor,
¿O eres tú la que no entiende mi modo humano de hablar?
¿Hasta cuando tengo que seguir esperando
mi retorno a tu origen, madre natal?

El Mar

El Mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.
Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

Tu dulzura

Tu dulzura

Camino lentamente por la senda de acacias,
me perfuman las manos sus pétalos de nieve,
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve
y el alma es como espuma de las aristocracias.
Genio bueno: este día conmigo te congracias,
apenas un suspiro me torna eterna y breve…

¿Voy a volar acaso ya que el alma se mueve?
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias.
Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego,
lóenseme la boca de mieles perfumadas.
Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío
mucho temo volverme corriendo al caserío
prendidas en mis labios mariposas doradas.

Dulzura

Dulzura

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
y en tus brazos locos
tenme suspendido.
Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.

La fuerza de voluntad

La Fuerza de voluntad

Hay espacios del tiempo donde aparecen
momentos adversos y, en ese tránsito,
hay que aprender a vivirlos porque no me cabe duda
de que, lo que surja de esas experiencias,
normará e influirá sobre nuestra futura conducta,
así como las diversas formas de ser, pensar y sentir.

Y deberemos de contar con la energía de nuestro ser,
expresada en la voluntad, usándola con fuerza
e intensidad para alcanzar, metas y propósitos
que puedan resultar como increíbles,
ante nuestro futuro caminar.

Y sin dejar de sentir que vive en nosotros,
darnos con ello una seguridad capaz de disipar
cualquier vestigio de duda o temor, que pudiera
impedirnos ver el espacio de luz del porvenir.